La Joya Preciosa


En mayo de 2008 realice una visita a las cuevas de Oxtotitlan. A un par de cientos de metros, de la escalera que nos llevaría a las pinturas. Observé a la misma altura en el cerro, del lado izquierdo, la silueta de un rostro humano gigantesco. Ahora resulta evidente que se trata de una enorme cabeza de Ave de más de 300 metros de largo. En la punta, se localiza una cueva con un trono en forma de Dragón que mira al Oeste.


Observar montañas de cientos de metros o kilómetros, con formas de animales o rostros humanos, puede hacernos pensar que se trata de un capricho de la naturaleza. Reconocer los diseños que cubren las piedras de los grandes símbolos, nos permite captar que es algo más que el azar.
En la boca del Templo de los Kuaukuautin, los maestros y maestras Aguila. El trono que mira al Oeste, se forma por una pequeña pirámide de siete niveles. Al centro un pequeño humano jaguar, que porta un gorro de Perro que mira al Sur. Aún después de más 13 mil años, reconocemos su pantalón color negro, como lo usan ahora muchos linajes marciales. Su color rojo, lo denota como una poesía, donde In Tlatli in Tlapalli, Lo oculto y lo evidente, aluden al conocimiento.



Uno de los detalles del trono, nos muestra un ser humano a modo de caricatura; destacan sus dientes, y su mirada que se alinea con su nariz. Una cabeza de león con labios blancos mira hacia el norte, Sus ojos expresivos y profundos, denotan su edad avanzada y sabiduría. Sus gruesos labios blancos, muestran una ligera sonrisa.


La base del trono es la cabeza de un dragón. El hueco del ojo derecho se encuentra cubierto de plumas, y tiene esculpido un ojo humano en su interior.


Sobre el hueco del ojo, se localiza la escultura de la cabeza de un águila, en sentido opuesto un segundo rostro también de ave.


En marzo de 2014, un par de días antes del equinoccio, inicié un grupo de caminatas para reconocer por tierra, los elementos del humano vestido de águila. En la primera visita al inmenso templo seguí mi intuición y conocimiento de la zona para localizar el ojo del avatar. Encontramos rastros de un templo antediluviano. Los límites de la máscara, marcados por dos paredes de piedra casi completas.
Parados sobre los grandes símbolos, no podemos reconocer sus formas de cientos de metros. Son las decenas de obras a ras de piso, que transforman la montaña en una ciudad perdida en el tiempo.


La mayor sorpresa es que las miles de rocas que cubren el gorro de águila fueron esculpidas en forma de plumas. Rostros estilo Olmeca grabados en la roca atestiguan que no se trata de un capricho de la naturaleza.


Observamos un humano con rasgos de jaguar, así como un humano con barba que porta un gorro de león y un segundo rostro, también barbado. En la siguiente pluma destaca un rostro con una herramienta de observación astronómica desde el ojo a la boca.


Dentro de una de las plumas identifiqué una cruz de ocho rumbos similar a las utilizadas para alinear la metrópolis de Teotihuacán.


El segundo punto que visitamos fue un geoglifo con forma de tiburón de más de 200 metros de largo, dibujado sobre el gorro del avatar, el colibrí zurdo. Su contorno bien definido. Reconocimos el ojo del tiburón, una delicada obra que fácilmente puede ser confundida con una piedra. Sin embargo, sus grabados revelan un mensaje con más de 10 mil años de antigüedad. 


Sobre la máscara destaca un juego de mesa, un patolli, el cual es al mismo tiempo un mapa de la Joya Preciosa.


Teskatlipoka, el Jaguar, el León, representa la rueda de 20 símbolos, por lo que el mapa lo representa como un rostro de Jaguar cuadrado, aludiendo a la cruz de cargadores. Representa el Oeste. La cabeza de un águila en forma de triángulo, señala el Sur, el rumbo del humano con máscara de águila. El Este es una serpiente que recorre el horizonte. El Norte es la cabeza de la serpiente que se inclina hacia el Este. Durante el solsticio de invierno al amanecer, este símbolo surge como la sombra de una serpiente que se eleva al norte. En el mismo lugar la sombra de una cabeza de venado surge al amanecer del equinoccio.


Al amanecer del solsticio de invierno, los primero rayos iluminan la punta del templo del rostro humano con gorro de águila. El templo representa una serpiente o el caparazón de una tortuga que se eleva. Evidenciando que la montaña es una construcción deliberada.


Un atento rostro humano observa los fenómenos de luces y sombras, así como la bandera norte. Una pared de roca en vertical de alrededor de 200 metros de largo por 100 de alto. 


Reconocer los símbolos que cubren la bandera norte es un gran reto, ya que son cientos y los grandes rostros se forman de otros más pequeños a modo de rompecabezas astronómico.


Destaca un sabio porta un gorro de Dragón. Un segundo rostro,  de decenas de metros de alto, cuenta con un segundo rostro a modo de gorro. En ambos podemos ver sus dos ojos que observan el Oeste.

''El Sr. J. W. Lynd dice de los Dakotas:
Las deidades sobre las cuales se otorga la mayor adoración, si, de hecho, cualquier nombre en particular es nombrable, son Tunkan (Inyan), el Dios de Piedra y Wakinyan, el Pájaro Trueno. Este último, como el principal dios de la guerra, recibe constante adoración y sacrificios; mientras que la adoración de la primera es un asunto de todos los días. Tunkan, dicen los Dakotas, es el dios que mora en piedras o rocas, y es el dios más antiguo. Si se le preguntó por qué se considera el más antiguo, dirá porque es el más difícil.'' Escritura e imagen de los indios americanos. Por Garrick Mallery

Reconocer los símbolos, es en sí mismo un ejercicio que nos permite adelgazar la mente y entrar en estados meditativos. Sin embargo, su enseñanza son matemáticas astronómicas. Largas reglas de tiempo para estudiar la actividad del sol y su relación con el cosmos.
Cada uno de los templo montaña, cuenta con una bandera, un gran pared de roca con un mensaje. El templo del Oeste con forma de cabeza de Jaguar, muestra un largo dragón formado por cabezas, que traga el Sol al atardecer. Sobre el templo reconocemos la cabeza de conejo, símbolo que asociamos con Dionisio y con los enanos de la mitología Nórdica. Los 400 conejos, son la materia prima para la creación de los 20 símbolos de la rueda.



''En tiempos antiguos solía haber un objeto que marcaba las rocas por la noche. Podía verse, pero su forma exacta era indistinta. Funcionaría haciendo sonidos como el martilleo, y ocasionalmente emite una luz similar a la de una luciérnaga. Después de terminar su trabajo daría una risa fuerte como una mujer riendo y luego desaparece. A la mañana siguiente los indios encontrarían otra roca en la vecindad donde el objeto había sido visto la noche anterior.'' Escritura e imagen de los indios americanos. Por Garrick Mallery.

En el extremo Sur se localiza el rostro de un toro. Al amanecer del 13 de mayo, día del cargador del año, se forma un triángulo, la sombra de una pirámide. Es el símbolo de la Madre Divina, Isis, el trono de Horus, el Hijo, el humano ave.


Durante los últimos 50 años, decenas de miles de personas y cientos de académicos, han visitado las cuevas de Oxtotitlán, en Guerrero. Sin embargo, ninguno de ellos ha notado que la cueva se encuentra completamente esculpida por una civilización más avanzada que nosotros, dado que no podemos esculpir montañas. Reconocer este arte, cambiará la historia antigua y el futuro de los que siguen.
A esta civilización podemos llamarle la Atlántida, sin embargo no lo hacemos para seguirle la corriente a Platón. Lo hacemos porque es un término técnico que describe el aspecto más significativo del conocimiento de los Atlantes. El cargador de los rumbos, del universo, es una fórmula matemática que da nombre al dia, al año, los siglos y los milenios. Cada planeta tiene un nombre propio, sin embargo el maestro es el planeta Venus, el cual se asocia con el Oeste, el rumbo que sostiene Atlas. Por esto usamos su nombre para describir al mecanismo completo.
El verdadero rostro de la Joya Preciosa, Oxtotitlán, Chilapa, Guerrero, nos muestra los cargadores de los rumbos, el dragón, la tortuga, el tigre y el ave, cuando la estrella de Belén, la alineación del Sol, la Luna, Venus y la Tierra, da estructura al calendario y al desarrollo de la humanidad. Una civilización con avanzados conocimientos matemáticos, nos heredó la inteligencia que gozamos, sin embargo, hace 500 años los olvidamos.

“Dividir el Uno es "alcanzar", y todo lo que se alcanza se destruye; lo que no se alcanza no puede destruirse: vuelve a empezar eternamente desde el origen, Uno.” Chuang Tse maestro Taoísta del siglo 3ac.

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